La sal no debe incorporarse a la dieta de los niños, hasta pasado el primer año de vida. A partir de entonces el niño empieza a comer de todo y a descubrir la comida de los adultos, mucho más sabrosa que la suya, debido a la sal.
A fin de que el niño identifique el sabor de los alimentos, es importante moderar su uso.
Cuando se desarrolla desde la infancia una gran apetencia por los alimentos excesivamente salados, la comida siempre parece sosa.
El problema de salar en exceso es que existe una estrecha relación entre el consumo de sal y el riesgo de paceder hipertensión.
